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 La Fiebre en los niños/ ¿Cuándo considerar el proceso febril como una urgencia?

La Fiebre en los niños

Ambulancia camino del hospital

¿Cuándo considerar el proceso febril como una urgencia?

La fiebre NO debe ser considerada como un síntoma de alarma salvo en contadas excepciones (lea más adelante). Por tanto, no tiene ningún sentido salir corriendo al servicio de urgencias más próximo o actuar desesperadamente para conseguir bajar la temperatura; del mismo modo tampoco debe preocupar en exceso una fiebre que apenas responde a los antitérmicos.

¿Por qué se les da tan poca importancia a estos hechos?

A) La mayor parte de las infecciones febriles tienen un origen vírico y, por tanto, son intrascendentes. B) La fiebre es considerada como un mecanismo de defensa que puede llegar a ser beneficioso. El pediatra sabe que la fiebre es un proceso que activa el Sistema Inmunitario del paciente para luchar contra la infección, y que entre 37-38º C activa el Interferón (sustancia indispensable para dicha lucha), por lo tanto, incluso al profesional no le interesa propiciar dicha bajada de temperatura corporal. C) Por desgracia, las infecciones causantes de fiebre (independientemente de su gravedad) pueden no dar síntomas inicialmente y la exploración física inicial realizada por un médico puede ser rigurosamente normal (lo que se llama: fiebre sin foco). Del mismo modo una analítica rutinaria sería inicialmente normal (al menos en las primeras 12-24 horas de fiebre) por lo que carecería de fundamento exigirla para "quedarse tranquilos". Siguiendo con lo anterior, no es nada raro que una infección vírica permanezca sin dar síntomas (fiebre sin foco) durante toda su evolución y luego desaparecer sin haber dejado rastro de su origen. D) No suele haber, salvo temperaturas muy altas (>40,5º C), relación entre el grado de fiebre y la gravedad de la infección. Un simple catarro puede dar fiebre elevada mientras que una meningitis puede expresarse con temperaturas inferiores a 39º C.

Contestando a la pregunta formulada anteriormente, deberá consultar inmediatamente si su hijo:

  • Tiene menos de 3 meses.
  • Tiene una temperatura superior a 41 º C
  • Lleva 4 días o más con fiebre. Esto no es un signo de alarma pero deberá consultar obligatoriamente, aunque sin prisas, salvo que su pediatra le haya dado otras instrucciones.
  • Padece de alguna enfermedad crónica grave (malformación del corazón, inmunodeficiencia, cáncer en tratamiento quimioterápico).
  • Presenta síntomas de alarma:
    • Rigidez de nuca franca: solo puede explorarse en el niño de más de 1 ó 2 años y que colabora. Se dice que hay rigidez de nuca si el niño es incapaz de sujetar una hoja de papel con el mentón (cerrando la boca) sobre el pecho. No obstante, la fiebre elevada puede producir rigidez de nuca siendo necesario bajarla para comprobar que persiste.
    • Convulsión, sobre todo si es la primera vez que ocurre.
    • Petequias. Son manchas puntiformes de color rojo que NO desaparecen al estirar la piel circundante. Los vómitos y la tos repetida producen petequias en cara y parte superior de tórax y no deben preocupar. También las infecciones víricas pueden producir petequias. Entonces... ¿cuando debe consultarse inmediatamente por petequias en presencia de fiebre? Sólo si son varias (rodearlas con un bolígrafo para cerciorarse que son de aparición progresiva) y, en caso de vómitos, su localización rebasa los límites anteriormente descritos. Aunque las causas más frecuentes de este tipo de petequias son banales (tos, infecciones víricas, etc.), hay que consultar sin demora, más aún si existe decaimiento, para descartar infecciones graves y de rápida progresión.
    • Decaimiento importante. Cabe decir que la fiebre, por muy escasa que sea, puede producir decaimiento en el niño; solo deberá alertar si el decaimiento es importante y persiste pese a lograrse bajar la temperatura por debajo de 37,5º C.
    • Síntomas importantes como: irritabilidad, confusión, no respuesta a estímulos verbales o físicos, dificultad para respirar, inmovilidad parcial o total para mover algún miembro (pierna o brazo)
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